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Matemáticas y Cine

 

 

DESARROLLO MENTAL RÁPIDO

 

 

Hace años, con ocasión de una exposición de divulgación científica en un centro comercial zaragozano (hecho digno de comentario en si mismo, por su singularidad), se veían carteles como el de la derecha. Un grotesco personaje mostraba su fascinación al acceder a los misterios de la Ciencia por la vía rápida, parodia del sentido que se quería dar a la exposición publicitada.

Dicho individuo recibía esa "trasfusión de conocimiento" a través de unos electrodos en la cabeza. La cosa quedaría simplemente en broma si no fuera porque recientemente una noticia  de prensa (ABC, 17-05-2013), bajo el título "Descargas eléctricas en el cerebro para mejorar en Matemáticas"  explicaba que, según ciertos investigadores de la Universidad de Oxford (no identificados en la noticia, lo cual da mala espina...), la aplicación de corrientes a zonas específicas de la corteza cerebral mejoraría la capacidad de cálculo.

Pero mucho antes, ya el cine había recreado situaciones similares, adobadas con los tintes humorísticos o novelescos que convengan a cada historia, y siempre en el ámbito la ciencia ficción, denominación imprecisa cuando hay muchísima más ficción que ciencia. Traemos dos ejemplos de ello. Ninguna de esas películas va a pasar a la historia del cine (por calificarlas suavemente). Si les dedicamos un espacio es porque en ambas el sujeto cuya mente ha sido desarrollada por medio de esas "máquinas de aprendizaje instantáneo" manifiesta sus nuevas capacidades a través de las matemáticas.

En Super Mario Bros (Annable Jankel y Rocky Morton 1993), un matón con poco talento es introducido en una "máquina de evolución" por su perverso amo, para así hacerlo más listo y que no meta tanto la pata. Cuando sale, con su cerebro desarrollado, las primeras palabras que pronuncia, como muestra de su progreso intelectual, van a ser un cálculo mental:

La raíz cuadrada de 26.481 es 162,7298... Para que la respuesta fuera correcta, debía haber dicho "la raíz cuadrada de 36.481". En este caso el error viene ya de la versión original, no del doblaje. Eso, o bien la máquina no funciona tan bien como se suponía...

Campo de batalla: la Tierra (Roger Christian 2000) es una película futurista a la que cabe el dudoso honor de haber sido distinguida en los Premios Razzie (los anti-Óscar) con ocho "galardones": peor película, peor trabajo de cámara, peor director, peor actor (John Travolta, el "malo" de la historia), peor pareja, peor guión, peor actor y peor actriz secundarios. Por tal acumulación de despropósitos, fue también elegida como la peor película de la década. Su guionista inicial, J.D. Saphiro, llegó a pedir disculpas al público. El actor Forest Whitaker dijo arrepentirse de haber participado en el film.

La película adapta la novela homónima de L. Ron Hubbard, fundador de la Cienciología en 1952. Esta corriente de creencias ha sido reconocida como iglesia en algunos países, como secta peligrosa en otros y como simple organización con ánimo de lucro en el resto. Se cuenta que su fundador había dicho en 1949: "Me gustaría comenzar una religión. ¡Ahí es donde está el dinero!" Lo cierto es que ha conseguido adeptos de alto poder adquisitivo, particularmente entre las gentes de Hollywood. Sus reuniones para "acceder a un conocimiento superior" sólo están al alcance de bolsillos adinerados. Contaba Saphiro que Travolta (adepto a la Cienciología) le convenció para trabajar en el guión, con el argumento de que iba a ser "la Lista de Schindler de la Ciencia Ficción". Aparte de los antipremios citados, la película fue un gran fracaso comercial.

La acción se sitúa en el año 3000, con la Tierra dominada por unos alienígenas, los Psychlo, a quiene sólo les interesa de nuestro planeta la extracción de oro. La Humanidad es una especie en riesgo de extinción, cuyos pocos supervivientes trabajan esclavizados para los invasores, que los consideran como simples "animales humanos". Ha desaparecido todo vestigio de su pasada cultura y los humanos han experimentado una regresión que les ha llevado a vivir como trogloditas o tribus primitivas.

Si el guión descrito parece fantasioso, palidece al lado de las creencias de la Cienciología. Para este grupo, "Xenu era el dictador de la Confederación Galáctica, que hace 75 millones de años trajo miles de millones de personas a la Tierra en naves espaciales parecidas a aviones DC-8. Seguidamente, los desembarcó alrededor de volcanes y los aniquiló con bombas de hidrógeno. Sus almas se juntaron en grupos y se pegaron a los cuerpos de los vivos, y aún siguen creando caos y estragos" (fuente: Wikipedia). Tal vez con la disparatada historia de Xenu se hubiera conseguido una mejor película...

El protagonista "bueno" es Jonnie Goodboy Tyler (interpretado por Barry Pepper), un hombre de espíritu rebelde que se niega a someterse a los Psychlo y encabezará la revuelta humana tras llegar a conocer el idioma y algunos secretos de los invasores. Ese conocimiento lo obtiene Barry cuando Terl (John Travolta), el jefe de la guarnición Psychlo en la Tierra, inicia con él el experimento de educar a algunos humanos para que puedan manejar máquinas en las minas de oro. Esa educación la recibe Barry por la vía rápida, a través  de una máquina que le transfiere el saber con un rayo. Después, intenta comunicar a sus compañeros ese conocimiento que, como vais a ver, comienza en las matemáticas:

"El idioma que unifica todo el Universo"... no está mal. Y tampoco el mensaje de que para resolver un problema práctico, en este caso huir del cautiverio, sea la base cultural la que permitirá acceder a la solución. Donde menos se espera, salta la liebre.

Aunque después la cosa siga por vericuetos tan inverosímiles como la captura de un depósito de armamento con aviones en perfecto uso que pronto serán tripulados de forma diestra y eficaz por unos trogloditas bajados  de las montañas; eso, sin pasar antes por la máquina del saber.

Con máquinas como esa, la especie a extinguir sería la de los profesores.

 

  

  

 

 

       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(C) José María Sorando Muzás

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