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Matemáticas y Cine

 

  

       CINE EN CLASE DE MATEMÁTICAS

una propuesta didáctica

Pienso que en la enseñanza obligatoria hay que presentar a los alumnos unas Matemáticas a la vez atractivas y útiles; hacerles experimentar que con ellas es posible vivir interesantes aventuras intelectuales y, a la vez, estar mejor preparados para encarar los hechos cotidianos. Para dar ese sentido a su aprendizaje, conviene limitar y graduar la exigencia de rigor. Utilizarlo para canalizar la intuición, pero no convertirlo en una losa de formalismo abstracto. Sin ideas vivas, los símbolos quedan vacíos.

En esa vinculación de las Matemáticas con lo sugerente y lo vital, puede ser de utilidad el cine. Podemos aprovechar su prestigio entre los adolescentes, transformado en credibilidad. Paradójicamente, ante ellos, una ficción puede dar a las Matemáticas realidad. 

Con el cine podemos reforzar conceptos (p. ej. las Matemáticas como lenguaje universal en Contact) e incluso introducirlos (p. ej. las superficies de Moebius con el film Moebius). También, puede servirnos para estimular la reflexión ética (p. ej. las relaciones entre Ciencia y Poder en las versiones de Galileo por Liliana Cavani (1968) y Joseph Losey (1974)) y abordar la educación en valores (p. ej. la superación por el esfuerzo en Lecciones inolvidables). Y de la mano del cine, pueden entrar en clase el humor (p. ej. la resolución de problemas en contextos de cortejo en Una mente maravillosa) y la acción trepidante (p. ej. el problema de los bidones resuelto por el héroe de Jungla de cristal 3); en definitiva, la sorpresa.

Pero, si no hacemos una cuidadosa selección previa podemos lograr efectos negativos. Pretendemos que los alumnos se apropien de las Matemáticas como algo útil, divertido y valioso. Para conseguirlo, son contraproducentes las películas donde las Matemáticas conviven con el agobio y la locura (Cube, Pi. Fe en el Caos, etc.). Sin embargo, en esas mismas películas podemos encontrar escenas válidas para nuestros fines; limitémonos a ellas. Se trata de superar prejuicios antimatemáticos, no de cultivarlos.

El docente que decida usar el cine en clase de Matemáticas tendrá que dar su particular respuesta a las clásicas preguntas del confesor: ¿con quién? ¿cuándo? ¿cuántas veces? y ¿cómo? Las contestaremos desde nuestra práctica:

¿Con quién? Con los alumnos de cualquier edad, siempre que haya concordancia entre su capacidad de comprensión y el nivel de lectura que requiere la película. Si son necesarias muchas explicaciones complementarias, no es una película adecuada para ese nivel.

¿Cuándo? El comienzo o el final de la clase son momentos idóneos para la visión de las escenas escogidas. Al comienzo, centran la atención y motivan para el resto de la clase. Al final, sirven como colofón o resumen.

¿Cuántas veces? Conviene utilizarlo siempre que sea posible y adecuado. En mi experiencia docente, he llegado a un máximo de seis pases de secuencias de cine con los alumnos de un mismo grupo a lo largo de un curso académico, con una duración total de 1 hora y 10 minutos; un tiempo inferior a dos periodos lectivos.

¿Cómo? El tiempo de una clase no permite el pase de una película completa. Además, pienso que tampoco sería conveniente. En una misma película suele haber varias tramas, de las cuales sólo una suele relacionarse con aspectos matemáticos. Propongo hacer pequeños montajes con esas escenas y que sean sólo esos fragmentos los que se vean en clase, siempre que sean comprensibles por si mismos. De esta forma, obtendremos de cada película no más de 20 minutos (en ocasiones, menos de 5 minutos). Pero para sacar el mayor partido a la situación, convendrá recoger y debatir los comentarios de los alumnos, desarrollando un pequeño forum. Poner palabras a las impresiones hace objetivar y depurar el conocimiento.

Finalmente, aún quedarán por resolver cuestiones prácticas cuya imprevisión puede dar al traste con las mejores intenciones. Sería deseable disponer de un aula-materia de Matemáticas donde el uso de los recursos fuera inmediato, pero no es lo habitual. Normalmente hay que asegurar la disponibilidad del PC portátil y del proyector, hacer un traslado de material por pasillos y ascensores entre ríos de alumnos desbocados. Y, una vez en el aula, cruzar los dedos para que no falte el fusible, no haya un problema de conexiones o los duendes de la tecnología no nos sean adversos.

Si sabemos para qué y cómo, utilicemos también el cine en la clase, como un recurso más de los muchos que nos pueden ayudar para darle vivacidad y atractivo. Demos entrada en nuestras aulas como nuestros secundarios a Russell Crowe, Kate Winslett, Bruce Willis o Jodie Foster. Nadie tema con ello una subversión del orden académico. Los profesores seguimos siendo los actores principales. 

 

 

 

 

 

        

   

 

 

 

 

   

 

(C) José María Sorando Muzás

jmsorando@ono.com